OPINIÓN| ESTÁ MAL SER PROVIDA

Hace semanas un canal de televisión desinformó a la sociedad con una noticia que –además de ser equivocada– hacía referencia a Dignidad y derecho como una organización PROVIDA, despectivamente, como dando por sentado que ser provida es ser radical.

No nos molesta ser calificados como provida, ya que la vida es uno de los derechos que defendemos, en todas sus etapas y circunstancias. Sin embargo, lo que realmente nos incomoda es que la noticia difundida por este medio de comunicación, y replicada por otros medios, fuese realizada sin rigor periodístico, que es lo que corresponde a quienes ejercen esa profesión. Eso sí, logró su objetivo de desmerecer el trabajo técnico, jurídico y científico de una organización que trabaja por la defensa de los derechos humanos.

Dignidad y derecho no se mueve por ideologías o intereses políticos, como lamentablemente ocurre con la mayoría de las organizaciones que hablan “en favor” de los derechos humanos. Gran parte de esas organizaciones desconocen aquellos Derechos Humanos que tienen que ver con la defensa del derecho fundamental a la vida, la libertad de conciencia, religión o expresión y la familia.

A pesar de las posibles intenciones negativas detrás de la nota periodística, es crucial examinar el tema con más detalle. Primero, debemos respaldar a las personas y grupos comprometidos con la causa provida, que inspira a muchos jóvenes a colaborar en organizaciones dedicadas a la defensa de los Derechos Humanos. Nos mueve la firme convicción de que los Derechos Humanos deben ser –no solo promovidos–, sino también defendidos y garantizados para todas las personas, sin excepción ni distinción ideológica.

Es importante recordar que el primer derecho humano reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, es el derecho a la vida. El hecho de que ciertos grupos no reconozcan a los niños por nacer como individuos de la especie humana y, por lo tanto, desconozcan su derecho a la vida; o que otros priven de este derecho a quienes padecen enfermedades graves crónicas, graves o incurables, es otra cosa. Para nosotros, esto es una grave contradicción e incoherencia.

Para quienes defendemos la esencia de los Derechos Humanos, toda persona, sin distinción debido a su edad, sexo, raza o condición, tiene los mismos derechos. Vale tanto un niño por nacer, como quien se acerca al final de la vida. Vale tanto una persona sana, como una persona que sufre alguna enfermedad. Vale tanto una persona que está en pleno uso de sus facultades físicas o mentales y aquellas que poseen algún tipo de discapacidad.

Las personas, en virtud de nuestra inteligencia y sin que se requiera de un texto legal que así lo afirme, somos capaces de distinguir las conductas naturalmente buenas de las naturalmente malas. Diferente es que los seres humanos seamos capaces también de conducir nuestros actos -es el precio de la libertad- hacia actos que por naturaleza son malos, lo reconozca o no una ley.

En consecuencia, una organización que defiende los Derechos Humanos debe ser por esencia, provida, como también debe ser propersona, prodiversidad, y toda una larga lista de pros que aseguren al ser humano el reconocimiento efectivo de todos sus derechos naturales. Entonces, ¿por qué según algunos ser provida es malo? Pues simplemente porque la estrategia ha sido encasillarlos como grupos en contra de la libertad individual y la defensa de la autonomía del ser humano.

Lo cierto es que algo de verdad hay. Porque para quienes defendemos la vida como primero y principal derecho, la libertad tiene sus límites en el reconocimiento de la dignidad humana de todos. Entonces, ¿a qué se oponen los provida? Sencillo, al individualismo extremo. De hecho, la nueva demanda presentada ante la Corte Constitucional para despenalizar el aborto consentido lleva como encabezado: “Justa Libertad, por la eliminación del delito del aborto”.

La razón de todo esto es aún más sencilla y basta volver a la raíz del problema: existe un orden natural que exige limitar el uso de nuestra libertad individual frente a todo acto que atente contra nosotros mismos, contra terceros, contra la naturaleza y en general, que nos exige oponernos a cualquier acto naturalmente malo.

Tenemos una responsabilidad ética hacia los más vulnerables y desprotegidos en nuestra sociedad, incluidos los no nacidos. Proteger la vida de los no nacidos es un acto de justicia y solidaridad con los más indefensos.

Los movimientos provida saben que el bien común requiere el respeto y la protección de la vida humana en todas sus etapas. Una sociedad que valora y protege la vida desde la concepción promueve un ambiente de respeto, solidaridad y cuidado mutuo.

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María de Lourdes Maldonado

Directora de Dignidad y derecho