OPINIÓN | ¡NO A LA PORNOGRAFÍA! Una llamada urgente a la conciencia y a la acción

En el mundo existen más de cuarenta millones de niños y mujeres víctimas de trata y explotación sexual. No estamos frente a crímenes aislados perpetrados por individuos sin escrúpulos. Estamos frente a una industria global, altamente organizada y extraordinariamente lucrativa. Mientras muchos insisten en reducir el problema a la “demanda individual”, la realidad es mucho más cruda: la industria pornográfica, un negocio que mueve más de 200 millones de dólares al año, es hoy uno de los principales motores de la explotación sexual.

Ecuador no es la excepción. Organizaciones como la Fundación Tim Ballard han alertado sobre la estrecha relación entre el consumo de pornografía y la trata sexual infantil en el país. El Centro Nacional para Menores Desaparecidos y Explotados (NCMEC), en Estados Unidos, registró en 2024 más de 19,8 millones de reportes de material de abuso sexual infantil a nivel mundial. Detrás de estas cifras hay redes enteras de pedófilos que compran contenido pornográfico con la intención de cometer delitos atroces contra nuestros niños.

Se trata de un fenómeno global que avanza. Un estudio global publicado por Cornell University reveló que 1 de cada 12 niños ha sido víctima de explotación sexual en línea, lo que incluye exposición a pornografía, grooming, sexting no consentido o extorsión sexual. En abril de este año, El País de España denunció la detención de 79 sospechosos vinculados a Kidflix, una red internacional con casi dos millones de usuarios y decenas de miles de archivos de abuso sexual infantil.

En este contexto, incluso colectivos feministas en distintos países han exigido la revisión urgente de las políticas contra la violencia, señalando explícitamente la incidencia del consumo pornográfico en la perpetuación de la violencia sexual.

La evidencia científica es clara. Existe una correlación significativa entre el consumo de pornografía y una mayor probabilidad de perpetrar conductas sexualmente agresivas. El video con mayor número de reproducciones en la página de pornografía más visitada a nivel mundial, trata sobre una violación grupal a una menor de edad. Estudios indican que adolescentes expuestos a pornografía tienen entre 2 y 14 veces más probabilidades de cometer acoso o agresión sexual. La evidencia también muestra que el acceso temprano a contenido explícito aumenta los riesgos, especialmente cuando se combina con entornos permisivos, educación deficiente o actitudes hostiles hacia el otro.

Mientras tanto, ¿qué estamos haciendo en Ecuador para impedir que los menores accedan a contenido sexual explícito en redes sociales, cine, televisión o incluso eventos culturales que normalizan la hipersexualización?

La verdad es que nos encontramos frente a una cultura que normaliza la violencia. En diferentes espacios del mundo, el contenido pornográfico se celebra disfrazado de arte, entretenimiento o reivindicación social o cultural, sin controles efectivos que protejan a los menores. Los análisis de tráfico en redes anónimas (TOR) son alarmantes: 11% de las búsquedas están orientadas al abuso sexual infantil, y 65% de los usuarios expuestos a este contenido lo vieron por primera vez siendo niños. Este dato no sólo revela un patrón de iniciación temprana, sino un ciclo que se reproduce y profundiza con cada clic.

Debemos comprender que el abuso sexual infantil es un problema global, persistente y devastador. La exposición temprana a pornografía es común, y su potencial para escalar hacia comportamientos agresivos está documentado de manera consistente. Frente a esta evidencia, las denuncias, los estudios y los discursos no bastan.  Exigimos coherencia y acción real.

Si queremos proteger a nuestros niños, necesitamos una batalla legal, cultural y política contra la pornografía. Los incentivos económicos seguirán alimentando esta industria mientras haya consumo. Por eso, este debate no es abstracto: es personal, urgente y moralmente irrenunciable. Es momento de decir basta al consumo de pornografía en todas sus formas; basta de normalizarla en espacios culturales, sociales o artísticos; basta de políticas públicas tibias. Y sobre todo, basta de indiferencia.

Porque cada minuto que callamos, este mal sigue avanzando frente a nuestros ojos. Decir NO A LA PORNOGRAFÍA es decir SÍ a la dignidad humana, sí a la libertad, sí a la niñez y a su derecho irrenunciable a crecer en un entorno seguro.

Imagen de María de Lourdes Maldonado

María de Lourdes Maldonado