OPINIÓN | El transhumanismo y la ilusión de vencer a la muerte

Foto de Gabriele Malaspina en Unsplash

Desde hace muchos años ha tomado fuerza una corriente de pensamiento de la que quizá pocos han oído o entienden, pero que constituye una amenaza grave.  Persigue una humanidad perfecta, a través de tres grandes objetivos: la súper longevidad, el súper conocimiento y el súper bienestar.

Francis Wolff considera que el transhumanismo se refiere al mejoramiento de lo humano, mientras que el posthumanismo tiene que ver con la superación de lo humano. Otros autores, como el filósofo Nick Bostrom -uno de los fundadores del transhumanismo organizado-, sostienen que el ser transhumano es apenas una fase intermedia hacia el verdadero objetivo: el posthumano.

Sin embargo, ¿por qué esta aparente búsqueda de la vida en plenitud puede ser un problema? Primero, por la radicalidad de la propuesta -alterar la naturaleza humana o incluso hacerla desaparecer-; y, luego, por los medios que pretende utilizar para alcanzar estos fines.

En el transhumanismo se pierde el concepto personalísimo de la naturaleza humana y se sustenta en una concepción materialista del hombre.  El ser humano sirve en tanto es perfecto, sin deficiencias, sin fallas. Se busca algo -no necesariamente a alguien- cuyas capacidades exceden de forma excepcional al ser humano actual. Pretende combatir la mortalidad del hombre, sus enfermedades o discapacidades, o sus limitaciones intelectuales.

En este punto el fin último parece positivo: evitar la muerte, alcanzar una vida plena al máximo de bienestar posible, y potenciar al ser humano hacia una “super inteligencia”.  No obstante, ¿cómo hacer esto posible si la naturaleza humana es limitada, mortal, vulnerable a la enfermedad y al dolor? Este pensamiento solo presenta una propuesta: evolucionar hacia una nueva especie resultante de la fusión del hombre con los productos tecnológicos que suplan sus deficiencias; un organismo perfecto -probablemente no humano-, en el que quede solo la parte depurada de los humanos.

Ya nos advertía Max More (cuyo verdadero nombre es Max T.O´Connor), autoidentificado como el “Strategic philosopher”, en su “Carta a la madre naturaleza” (Letter to Mother Nature) en 1999:

Madre naturaleza, te estamos agradecidos por lo que has hecho con nosotros. No cabe duda de que lo hiciste lo mejor que pudiste. Ahora bien, con todo respeto, debemos decir que, en muchos casos, hiciste un pobre trabajo con la constitución humana. Nos hiciste vulnerables a la enfermedad y al dolor. Nos obligas a envejecer y a morir … quizás, has esperado el momento oportuno hasta que nosotros mismos demos el siguiente paso … .En las próximas décadas buscaremos una serie de cambios de nuestra propia constitución, iniciados con las herramientas de la biotecnología y guiados por un pensamiento crítico y creativo…. No toleraremos la tiranía del envejecimiento y de la muerte …. Ya no seremos esclavos de nuestros genes

Evidentemente sus seguidores se valen de los avances científicos y tecnológicos.  Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre quienes buscan reestablecer la funcionalidad de algún órgano o parte del organismo alterado por una patología y devolverla a la normalidad, y el mejoramiento o human enhancement,  que es el uso de la biotecnología para alterar, mediante la intervención directa de los procesos naturales, no patológicos, del cuerpo y la mente humanas, con el objeto de mejorar sus capacidades naturales.

Entonces ¿cuáles son los medios que proponen?   Algunos como el mejoramiento genético, que incluye la edición genética, la eugenesia embrionaria, y otros para alargar la esperanza de vida; mejoramiento psíquico-cognitivo mediante estimulación intracranial profunda; el mejoramiento moral o afectivo a través de la “modulación del amor” mediante pastillas o sustancias químicas, para reducir por ejemplo la agresividad (estas técnicas ya se ha probado con ratones); criogenización post mortem o pre mortem, para intentar reanimar pacientes en suspensión criogénica; máquinas superinteligentes, es decir, sistemas de inteligencia artificial que superan la cognición humana; los cyborg (cybernetics-organismos), la fusión física del cuerpo humano con la tecnología; y, el trasvase de contenido sináptico cerebral a un soporte no biológico, es decir, subir la mente de una persona a un soporte tecnológico.

Lo grave de estas propuestas, más allá de la no aceptación de la vulnerabilidad y la mortalidad humana, es el corte materialista y determinista: entienden al ser humano como pura materia.  Consideran al cuerpo humano como “chatarra biológica”. En el fondo entienden a la persona en términos materiales, reducida a sus funciones superiores de pensar y decidir dejando de lado su aspecto más humano, la posibilidad de amar.  

La dignidad se reduce a la calidad de vida. Plantea la eliminación del ser humano imperfecto. La eugenesia es la regla de oro, y llevada a sus últimas consecuencias, esta lógica corre el riesgo de dejar fuera del reconocimiento pleno a quienes no alcancen ese estándar de “perfección”.  Y todo esto sin entrar en aspectos más profundos como el desconocimiento del espíritu trascendente del ser humano.

En conclusión, encaramos una amenaza latente respaldada por diversos defensores a nivel global desde hace más de treinta años. Es fundamental reflexionar sobre si la concesión ilimitada otorgada a la libertad de pensamiento, en conjunción con el progreso científico y tecnológico, podría conducir a nuestra propia destrucción. Conviene comprender que el rechazo a la mortalidad no incrementa nuestra condición humana, sino que la reduce.

Imagen de María de Lourdes Maldonado

María de Lourdes Maldonado

Deja una respuesta