OPINIÓN | Cuando el peligro cabe en el bolsillo de un niño

Foto de Adrian Swancar en Unsplash

La infancia constituye la fase más trascendental en la existencia del ser humano. Este periodo no se define únicamente por una evolución constante y la adquisición de conocimientos, sino por ser una etapa de suma vulnerabilidad y receptividad, donde los menores asimilan patrones de conducta provenientes de sus progenitores y del medio social circundante. Durante la niñez, se configuran los rasgos fundamentales de la personalidad y se consolidan hábitos que, ya sean beneficiosos o perjudiciales, suelen arraigarse profundamente, volviéndose complejos de transformar en la madurez.

En ese contexto, resulta indispensable prestar atención al acceso cada vez más temprano de los niños, niñas y adolescentes a dispositivos móviles con conexión a internet. Conforme a una investigación desarrollada conjuntamente por Red.es, UNICEF España, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática, se concluyó que la presencia de dispositivos digitales en la vida cotidiana de los menores es ya indudable: el 82,4 % dispone de un smartphone propio y, en promedio, acceden a estos dispositivos antes de los 11 años.

A este panorama se suma una amenaza silenciosa pero devastadora: el acceso sin restricciones a contenidos pornográficos en línea. UNICEF ha encendido las alarmas: la exposición temprana a la pornografía no es un problema menor ni pasajero, sino un factor documentado de daño psicológico, sexismo estructural, cosificación del ser humano y violencia sexual. Y sin embargo, millones de niños acceden a estos contenidos antes de haber recibido educación sexual alguna. Además, el problema es que el acceso temprano a la pornografía, incide en el aumento de la frecuencia del consumo, convirtiendo esto en un asunto de salud pública.

Lo más alarmante no es solo la exposición, sino la normalización. Cuando un niño consume de forma reiterada contenidos que presentan el abuso como placer, la sumisión como deseo o la violencia como erotismo, su umbral de lo aceptable se desplaza. Y lo que primero fue pantalla, pronto puede convertirse en conducta: en el patio escolar, en el grupo de amigos, en el hogar.

Además, los menores no solo encuentran pornografía, sino también redes de trata de personas, ciberacoso, hipersexualización y contenidos violentos que distorsionan su comprensión del mundo, del cuerpo y de las relaciones humanas.

Las consecuencias de esta realidad ya son visibles en nuestro entorno. En 2022, se denunció que en una unidad educativa de Quito se habrían difundido cientos de imágenes y videos de contenido sexual generados mediante inteligencia artificial, utilizando los rostros reales de 24 estudiantes. El material fue elaborado por dos alumnos; un hecho que evidencia cómo el acceso temprano a la tecnología, combinado con la normalización de la hipersexualización, puede dar lugar a nuevas formas de violencia digital entre adolescentes.

A pocos días de haber celebrado el Día del Niño, conviene recordar que los padres ejercen una función de guía y protección sobre sus hijos. Esa responsabilidad hace necesario adoptar acciones concretas para evitar esta exposición.

Sin duda la realidad del país, lleva a que muchos padres deseen mantenerse comunicados con sus hijos entregándoles un celular; sin embargo, la entrega de un teléfono inteligente no puede hacerse de manera indiscriminada; debe ir acompañada de supervisión constante, controles parentales, restricciones a determinados contenidos y límites razonables al tiempo de uso.

Es necesario tomar conciencia, comprender que tenemos la responsabilidad ineludible de proteger a nuestros niños de los peligros que existen en internet. Aunque la red ofrece herramientas valiosas para el aprendizaje y la comunicación, gran parte de los contenidos nocivos y de los delitos que se cometen en línea llegan precisamente a través de un teléfono celular. Proteger a la infancia implica también acompañarla y orientarla en el uso responsable de la tecnología. Solo así podremos resguardar su desarrollo integral y garantizar que crezcan en un entorno más seguro.

Imagen de Kevin Pepinós Valle

Kevin Pepinós Valle

Deja una respuesta