
La pérdida de un hijo constituye una de las experiencias más dolorosas que puede atravesar una madre. Sin embargo, aún existe una realidad ampliamente ignorada: la muerte fetal y el duelo gestacional.
Con frecuencia se ignora que el vínculo entre la madre y su hijo comienza en el vientre. Este se construye con cada expectativa, cada nombre pensado, cada ecografía y cada proyecto imaginado alrededor de una vida que ya es amada.
El pasado 15 de agosto, el Gobierno comunicó que Lavinia Valbonesi, esposa del presidente Daniel Noboa, había perdido a su tercer hijo, a quien ya habían decidido llamar Stefano. Este suceso nos llama a reflexionar y permite evidenciar una problemática poco estudiada y escasamente comunicada en Ecuador: la pérdida gestacional y el duelo que genera.
Las reacciones al comunicado en redes sociales y otros espacios permitieron evidenciar el desconocimiento general que existe en torno al tema. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la pérdida gestacional continúa siendo un tema tabú y, en muchos casos, una fuente de estigma y vergüenza en todo el mundo. Además, señala que es frecuente que las madres que pierden a sus bebés no reciban una atención adecuada ni sean tratadas con respeto.
En Ecuador, entre 2023 y 2025, se registraron 3.774 muertes fetales. Esta cifra evidencia una realidad alarmante que, pese a que algunos hospitales han implementado iniciativas como el Código Mariposa -un protocolo originado en Reino Unido que no es de aplicación obligatoria a nivel nacional-, aún no encuentra una respuesta empática, humanizada y adecuada en la normativa vigente.
Por ello, es necesario impulsar una solución normativa que establezca medidas de aplicación obligatoria y atienda los principales vacíos legales que agravan esta problemática. La ausencia de protocolos obligatorios y uniformes dificulta la adecuada investigación, registro y seguimiento de estas muertes, por ejemplo en 2025, el 65,3 % de las defunciones fetales fue registrado bajo la categoría de muerte de causa no especificada, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la capacitación del personal de salud y los procesos de investigación.
Asimismo, el trato que reciben las madres después de una pérdida gestacional no cuenta con una regulación uniforme. Por eso, muchas veces la noticia se comunica de manera poco sensible y empática, la atención no es adecuada y en muchos casos las madres son ubicadas en las mismas salas que mujeres que sí llegaron al parto. Tampoco se garantiza un acompañamiento psicológico y familiar adecuado por parte del sistema de Salud Pública.
En el ámbito laboral, la situación se intensifica, pues no existe una licencia específica por duelo gestacional. La madre depende de una evaluación médica para acceder a un permiso por enfermedad y, de no obtenerlo, puede verse obligada a regresar inmediatamente al trabajo para evitar una sanción.
Es evidente que nuestro país no ha sabido ofrecer una respuesta adecuada a todas las madres que, año tras año, atraviesan una pérdida gestacional. Por ello, es necesaria una Ley de Duelo Gestacional que reconozca esta realidad y regule aspectos mínimos y básicos de aplicación obligatoria en el sistema público de salud y en el ámbito laboral.
Es evidente que el Ecuador mantiene una deuda con las madres que cada año atraviesan una pérdida gestacional. Por ello, resulta indispensable contar con una Ley de Duelo Gestacional que reconozca su dolor y establezca protocolos obligatorios de atención humanizada, acompañamiento psicológico y familiar, capacitación del personal de salud, investigación adecuada de las causas de muerte fetal y protección en el ámbito laboral. Ninguna madre debería enfrentar la pérdida de su hijo en soledad, sin respuestas y sin el respaldo del Estado.






