María de Lourdes Maldonado

Mientras cientos de niñas, adolescentes y mujeres de todas las edades y condiciones claman por ayuda para satisfacer sus necesidades básicas, muchos supuestos defensores de la causa instrumentalizan esta realidad para ganar adeptos.
El problema fundamental es la ausencia de propuestas concretas y viables, por parte de políticos o movimientos feministas radicales en Ecuador, para erradicar la violencia, investigar y sancionar los crímenes contra las mujeres, o mejorar su acceso a la salud, la educación y el empleo.
Urge implementar medidas que permitan conciliar la vida profesional y familiar, y garantizar condiciones laborales justas para las mujeres.
Para abordar eficazmente esta problemática, es imprescindible comprender sus verdaderas causas. Tomemos el ejemplo de la salud femenina. Una de las principales causas de mortalidad en las mujeres es el cáncer de mama. Sin embargo, esta enfermedad no se combate con la promoción del aborto o la reiterada insistencia en los derechos sexuales y reproductivos, que parecen ser las únicas propuestas de ciertos grupos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone una solución más efectiva: garantizar la atención temprana, el diagnóstico oportuno, la reducción de los factores de riesgo y la inversión de recursos económicos en tratamientos adecuados. Además, una mujer que padece esta enfermedad y es cabeza de familia necesita un sistema que le permita cuidar su salud sin descuidar a sus hijos. Incluso aquellas con apoyo económico y emocional enfrentan tratamientos médicos prolongados y costosos.
Por lo tanto, es crucial fortalecer las licencias laborales especiales, tanto para las pacientes como para sus cuidadores, asegurando que no pierdan su empleo ni sus ingresos durante el tratamiento. ¿Qué se está haciendo realmente al respecto?
Es fundamental entender que el discurso victimista extremo, que presenta a todas las mujeres como víctimas y a todos los hombres como opresores, no resuelve los problemas reales, sino que agudiza la división social. Los promotores de esta narrativa no buscan soluciones prácticas, sino fomentar un rechazo generalizado hacia el sexo masculino, al que atribuyen una supuesta opresión estructural.
Un ejemplo de esta perspectiva es la tipificación del femicidio, impulsada bajo esta lógica. Sin embargo, las estadísticas demuestran que la criminalización específica de este delito no ha disminuido su incidencia; por el contrario, las cifras continúan en aumento, evidenciando que no se están abordando las verdaderas causas del problema. En muchos casos, estas iniciativas responden más a la agenda de ciertos grupos que a estrategias eficaces para erradicar la violencia.
En contraste, las verdaderas víctimas reconocen que fueron agredidas por individuos específicos, no por todos los hombres. Estas mujeres exigen justicia y protección por parte de la sociedad y el Estado. Algunas han sido persuadidas de que su lucha debe manifestarse a través de protestas, desnudos públicos o la exposición mediática de sus experiencias. No obstante, la mayoría demanda mejoras en el sistema de investigación de delitos, capacitación especializada para fiscales, peritos y jueces, y la implementación de medidas de protección más efectivas para las víctimas.
Resulta aún más preocupante que muchas mujeres han sido agredidas por otras mujeres simplemente por tener opiniones o comportamientos diferentes. ¿Cuántas han sido silenciadas para preservar la «estructura» familiar? ¿Cuántas han sido forzadas a abortar para evitar la «vergüenza» de un embarazo no deseado? ¿Cuántas han sido atacadas en juzgados y tribunales por oponerse a ciertas ideologías? ¿Cuántas son criticadas solo por valorar la feminidad?
Un ejemplo de esta intolerancia es el caso de la influencer «Roro», una joven de 22 años que ha ganado notoriedad en plataformas como Tik Tok e Instagram por compartir contenido relacionado con las tareas domésticas tradicionales. Su postura ha generado controversia y ha sido objeto de críticas, principalmente por parte de otras mujeres que no toleran una visión diferente de la feminidad.
Finalmente, vale la pena recordar que la revictimización ocurre cuando una persona que ha sufrido un daño es sometida a nuevas experiencias traumáticas debido al trato que recibe de las instituciones, la sociedad o su entorno cercano. Esto puede ocurrir en el ámbito judicial, médico o mediático, y generalmente se debe a prácticas inadecuadas que intensifican su sufrimiento. En este sentido, quienes realmente nos preocupamos por las mujeres rechazamos la exposición constante de las víctimas en los medios de comunicación con el fin de generar simpatía hacia ciertas causas. Obligarlas a revivir su dolor una y otra vez no es justicia, sino una forma de utilizarlas para beneficio ajeno. Nos oponemos a la revictimización promovida por aquellos que, en realidad, no se preocupan por ellas.
Publicado originalmente en La República: https://www.larepublica.ec/blog/2025/03/24/las-victimas-el-victimismo-y-la-revictamizacion/